Arriba y abajo. Por Trifón Poch

 

Cuando Pepu Hernández llegó a la Selección Española no gozaba ni muchisimo menus del status ni de la consideración que ahora disfruta. Los excelentes resultados en los últimos torneos, el oro y la plata, las circunstancias en que vivió la final del mundial de Japón han agrandado la repercusión de su éxito hasta un punto insospechado para un entrenador español. Me pregunto si Pepu era muy diferente cuando entrenaba al Estudiantes. Yo dudo mucho que sus métodos de trabajo, su personalidad, su trato hacia el jugador, su capacidad para motivar desde la complicidad fueran distintas antes que ahora. Tengo la impresión de que el mismo estilo que ahora le abre todas las puertas (sólo una se le ha cerrado) ya era el suyo desde los orígenes en territorio demente.

No hace mucho tiempo Dusko Ivanovic era considerado por muchos el mejor. Y lo era por su personalidad exigente hasta limites inalcanzables, por su dureza, por su manera de vivir los partidos desde el banquillo (es un decir, nunca se le ve sentado y el boxcoach es una linea invisible para él), por su caracter ganador como ninguno, por su seriedad extrema, por su capacidad para sacarlo todo de sus jugadores y conseguir que sus equipos jugasen siempre al máximo de sus posibilidades y un poco más aún. Hay que ver lo que son las cosas. Durante su última etapa en la ACB todas esas virtudes parecieron transformarse, por arte de resultados, en defectos. Que si excesivo con los jugadores, que si demasiado serio, que si no deja opción a la fantasía del jugador. Alguno se atrevió a comentar incluso que Dusko tenía que cambiar su manera de ser, tenía que «adaptarse». Yo creo que Ivanovic siempre ha sido el mismo y lo creo porque tuve la suerte de tenerle como jugador en Girona siendo yo entrenador ayudante y os puedo asegurar que entonces era igual. Los mismos argumentos que sirvieron para ensalzarle han sido utilizados después para sembrar la sombra de la duda. Curioso, ¿no?

Aito era vergonzosamente abucheado en el Palau cuando entrenaba al Barcelona y le presentaban por megafonia. Era su propia afición!!. La cosa llegó a tal extremo que en un partido en Fontajau contra el Girona, cuando le presentaron también fué abucheado por la afición gerundense!!. Yo no podía creerlo desde el otro banquillo. También él era antipático, parece ser que no admitia estrellas en sus equipos (¿qué serán Epi, Bodiroga o Navarro?) y además nunca ganaba la Liga Europea. A su llegada a Badalona muchos decían que no podía ser, que iban a romper su carnet de socio sin esperar un segundo. LLegó incluso en algún momento a estar en duda su continuidad: en un partido de infausto recuerdo para mi (me expulsaron con dos técnicas por primera y única vez en mi carrera) consiguió una victoria balsámica en Alicante, que fué la primera de una larga serie que significó el preludio de una cadena de exitos que todo lo cambiaron. Ahora le despiden con homenajes en Badalona y le reciben con reverencias en Madrid y se le ve caminar estos días por el pabellón de Inca en la fase final del Circuito sub-20 y parece que va levitando. Todos le respetan ahora y parece rodearle por fin el merecido aura de «el profesor«. No sé si la esencia de su estilo, con sus defectos pero también con todas sus virtudes, difiere mucho de la que mantenía desde sus tiempos del «karatepress» en el Cotonificio.

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