chapa y pintura en la nba. Por Trifón Poch

Esta temporada se han producido algunos movimientos de jugadores en la ACB que han provocado, además de importantes efectos en algunos equipos, numerosos comentarios respecto a si es bueno para la competición que se permitan. El fichaje de Esteban Batista de Fuenlabrada a CajaLaboral, más esperado, y el de Joe Ingles de Granada a Barcelona, una auténtica sorpresa para todos, han sido los dos casos que más han provocado el debate, junto a algunos otros jugadores que han cumplido varios contratos temporales y han podido estar en varios equipos en lo que va te temporada, como pueden ser Josh Fisher, Martin Rancik o Pape Sow.

Contrasta esta situación con lo que ha sucedido en la NBA en los últimos días, en lo que ellos llaman el «trade deadline», la fecha límite en la que se permiten cambios de jugadores entre los equipos de la liga. ¡Hasta 47 jugadores! se han visto envueltos en esta efervescencia negociadora y han tenido que hacer las maletas para cambiar de franquicia y de ciudad. Ha habido equipos importantes que se han movido, como los Celtics de Boston, otros que han llegado a cambiar hasta cinco piezas de su vestuario, como Nueva York o Denver, y jugadores estrella implicados en este multitudinario intercambio, como Carmelo AnthonyDeron Williams, recientes all-star en Los Angeles. El mismo Pau Gasol se vió envuelto hace varias temporadas en uno de estos movimientos que le llevó a los Lakers, en una operación que en su momento fue muy comentada y que cambió el rumbo de la franquicia angelina y de su propia carrera. Los equipos intentan con todas estas operaciones ajustar sus rosters para lo que queda de temporada o ganar tiempo preparando sus estructuras de la temporada que viene, ajustando los movimientos de jugadores y sus salarios al presupuesto de que dispondrán para fichar para el curso 2011/2012, si el lockout lo permite.

Para ellos es algo normal. Para nosotros es algo más nuevo. Quizás en USA manda más el mercado y para nuestra educación deportiva todavía pesa lo que aquí llamamos «la fidelidad a los colores» y, en cuanto un jugador más o menos importante se mueve de un club a otro, automáticamente muchos le cuelgan la etiqueta de «pesetero», olvidando su pasado o su verdadera calidad profesional. Tal vez nos falte saber diferenciar un poco las cosas y colocar cada concepto en su justo lugar. Hace poco el futbolista español conocido como«el niño Torres« afirmaba en su fichaje por el Chelsea que su corazón siempre será atlético (se formó en el Atlético de Madrid), y que estaba orgulloso de haber jugado en el Liverpool y esperaba sentirse igual de bien en su nuevo equipo en el que, como siempre, iba a intentar darlo todo como profesional. Sin dejar de lado las dosis de emotividad y pasión que el mundo del deporte necesita, hay que entender que no deja de ser un mercado de trabajo que, con la regulación necesaria, mueve a todos los profesionales que se ganan la vida en él.

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