la liga como transmisor de valores. Por Trifón Poch.

El pasado 27 de Enero conocimos la noticia de que la NBA había suspendido por todo lo que queda de temporada a dos jugadores.

Lo primero que puede llamarnos la atención del conflicto que da pie a tan importante sanción es que había armas de por medio. Una disputa entre compañeros en el vestuario se solucionó de una manera poco habitual en “nuestro mundo”: los dos sacaron sus armas de la taquilla y, como quién en el cole se da unos empujones sin llegar a las manos, se amenazaron un poco con sus pistolas, a ver quién tenía el calibre más grande. Unas deudas de juego parecen ser el detonante. Evidentemente el conflicto es serio, tanto que  un juicio espera al jugador el próximo 26 de Marzo, con la expectativa de que tal vez pueda volver a la NBA la próxima temporada.

Otro aspecto que da más repercusión al altercado es que uno de los protagonistas es una de las estrellas de la liga, Gilbert Arenas, all-star en tres ocasiones. Inmediatamente, para asombro de los pobres mortales, se hace uso de la calculadora para publicar los números de operaciones parecidas a las que se hicieron con el fichaje de Cristiano Ronaldo por el R. Madrid: quedar suspendido durante lo que resta de la 2009/2010 va a suponer al jugador perder o no cobrar una nada despreciable cantidad de 95.000 dólares cada día. Hay un destacado precedente de una sanción parecida. Fue en el año 2004 y como consecuencia de una multitudinaria pelea en un Indiana-Detroit, que acabó con varios jugadores peleando incluso con los espectadores. En aquel caso fue Ron Artest, nº16 de la primera ronda del Draft del 99, el sancionado por toda la temporada, y probablemente marcado para el resto de su carrera que ahora sigue en los Lakers. En ese partido hubo finalmente un total de nueve jugadores con importantes sanciones, entre ellos destacadas figuras como Stephen Jackson con 30 partidos o Jermaine O’Neal con 25 y Ben Wallace con 6 o Chancey Billups con 1.

Una vez superada toda la información colateral, que en ocasiones se convierte en central, debería quedar lo realmente destacable de toda esta situación. La NBA no duda en sancionar a ambos jugadores y en dejar a una de sus estrellas fuera de la competición. Los límites deben estar claros para todos. Cada cual es libre de actuar como quiera, de manifestarse según le interese, pero también la organización debe saber qué es lo que quiere ofrecer como imagen propia de la Liga, en qué reglas de juego quiere moverse. Esas reglas deben ser respetadas por todos los que participan de una manera o de otra en la Liga y el que decida libremente saltarse las normas, debe ser sancionado por la propia competición. La NBA, y cualquier liga deportiva del mundo, no sólo es una organización dedicada a mantener un negocio y a vender un producto. También es un constante transmisor de valores a un amplio sector de la sociedad y, por lo tanto, tiene una gran responsabilidad en determinar, primero, y en defender, después, esos valores.

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