Pepe Rodriguez y los entrenadores Armageddon. Por Trifón Poch López

No hablo de Pepe Rodríguez porque es mi amigo. Esa amistad supone que tengo más conocimiento de su trayectoria y de todo lo que ha tenido que sufrir y disfrutar hasta hoy en su carrera como entrenador. Porque sea mi amigo no me invento nada, ni le echo flores u oculto lo que me interese. Intento ser lo más objetivo que puedo, como siempre, y utilizo su experiencia para hablar de él, pero también de otros muchos entrenadores que con diferentes defectos y virtudes a las suyas, hacen como él habitualmente muy bien su trabajo. Pepe llegó poco antes de las pasadas Navidades a Lugo. En ese momento el equipo estaba bastante abajo en la clasificación de la LEB, decimoquinto, con sólo cuatro partidos ganados en 13 jornadas y a una sola victoria de las posiciones de descenso. Al término de la Liga regular, el cambio experimentado por el equipo ha sido total, de modo que sólo Murcia, que ascendió directamente a la ACB como primero,  además de Blu Sens y  Ford Burgos, los dos equipos que se van a disputar la segunda plaza de ascenso ACB, han superado el récord de victorias que el Leche Río Breogan ha alcanzado desde la llegada de Pepe en diciembre, 14 victorias y sólo 7 derrotas.
No ha sido diferente en la gran mayoría de equipos en los que Pepe ha entrenado. En Gijón, Melilla, Gandía, Murcia, Ovarense, Huelva y Lugo lo saben. Ha sacado petróleo de equipos con plantillas limitadas, casi siempre con pocos recursos económicos para crecer y en algunos casos, como el de esta temporada, llegando para ayudar a superar una situación difícil de clasificación. Además suele dejar huella también en lo personal. Una cosa es que te valoren por alcanzar buenos resultados y otra conseguir caer bien por lo que transmites como persona, ganarse al entorno por el comportamiento profesional y al mismo tiempo demostrar compromiso.
Acostumbrados a moverse en terrenos en los que muchos entrenadores no se plantean poner un pie ni en la peor de sus pesadillas, hay  otros que trabajan mucho y bien en las peores condiciones, sin tener el reconocimiento que merecen y sin conseguir, hagan lo que hagan, oportunidades para entrenar a buenos equipos, que sin embargo se ofrecen tan fácilmente a técnicos «más ganadores», con más pedigrí o con un pasado deportivo que tanto deslumbra a los directivos. Mientras unos buscan «un primer espada» para poner en sus manos una cantidad indeterminada de millones de euros, los otros no se mueven sin que se les garantice un proyecto solvente, un presupuesto millonario y plenos poderes.
En el mismo nivel competitivo, pero colocados por todos en un estadio inferior, hay un grupo de entrenadores, que además de aceptar trabajar en una plataforma petrolífera perdida en alta mar, se atreven a subirse a un meteorito, perforarlo e implicarse hasta el punto de ofrecerse para detonar la bomba que destruya el meteorito antes de que colisione contra la Tierra, aunque en ello les vaya la vida, el puesto de trabajo.

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