que cada palo aguante su vela. Por Trifón Poch

Han sido varios los entrenadores que, en las últimas semanas y tras una derrota, se han manifestado abiertamente contrariados con sus jugadores. Luis Casimiro tras la tercera derrota de Estudiantes en ACB, Neven Spanija tras la derrota de Valencia en Bélgica en la ida de la previa de Eurocup, Aito después de que Unicaja dejara escapar un partido bien enfocado en San Sebastian. También Pellegrini, entrenador del Madrid de fútbol, tras el sorprendente resultado de la eliminatoria de Copa en Alcorcón. Los tonos no han sido parecidos. Alguno ha sido muy duro y directo, quizás buscando motivar a sus jugadores para el siguiente partido. Otros han mostrado cierta incredulidad o incomprensión hacia la actitud del equipo. Cada uno tiene su estilo para abordar situaciones que pueden tener puntos de conexión. Hay varios aspectos que me gustaría comentar al respecto.

El primero que se evidencia es una gran diferencia entre entrenador y jugadores en la predisposición con la que se afrontan algunos partidos. Hay ocasiones en que ya puede el entrenador pasarse toda la semana avisando de la dificultad del próximo rival que, si en la cabeza de los jugadores se instala la convicción de que no va ser necesario trabajar al 100% para ganar, la mentalidad con la que va a encarar el partido va a convertirlo en “alto riesgo” de derrota. Si Pellegrini quiere concentrar a los suyos antes del partido de Alcorcón y a los chicos no les hace gracia, no lo creen necesario, se está abonando el terreno equivocado, se está creando un ambiente inapropiado para jugar ningún partido, ni siquiera ante un rival aparentemente tan inferior.  Hay aspectos que deben ser incuestionables. Después de la derrota, todo el acento recae practicamente sobre la supuesta incompetencia del entrenador, que debe irse ya, y queda en muy segundo plano la actitud de los jugadores, su preparación previa, su esfuerzo durante el encuentro y su capacidad de reacción. Ha sido el técnico el que no les ha hecho reaccionar, el que no ha sabido motivarles, el que no ha sabido conducir al grupo.

Hay también un criterio inexcusable de responsabilidad. Está claro que la responsabilidad última de los resultados de un equipo recae en el entrenador, pero creo que hay cierto cansancio en los entrenadores respecto a ser siempre responsables de todo, convertidos además casi siempre en “culpables”, mientras se obvia la gran responsabilidad que está en las manos, o en los pies, de los jugadores. Muchas de las declaraciones que antes comentaba manifiestan, de una manera o de otra, que hay veces que un entrenador hace su trabajo pero los jugadores o algunos de ellos, no, y que la demostración de la falta de compromiso, de la falta de trabajo y del esfuerzo necesario no siempre tiene como origen negativo a los técnicos.

2 comentarios

  1. coach40 dice:

    Lo que pasa es que siempre tienen la de perder los entrenadores.Ya se sabe, es más fácil cambiar a uno que 5, o 11 en el caso del futbol.También los jugadores tienen otras ventajas como son los contratos muy elevados (sobre todo en el futbol) y la imagen que de ellos tienen el público en general que los hace muchas veces intocables ya que son vistos como artífices de los existos mientra los entrenadores son vistos como artífices de los fracasos.

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