trata de arrancarlo, carlos, por dios. Por Trifón Poch

Desde hace unos días no paro de ver homenajes a diestra y siniestra hacia Carlos Sainz,  piloto automovilista reciente ganador del Rally Dakar. Fotos y más fotos, los protagonistas más diversos se acercan para posar junto al campeón, discursos, placas, cenas de gala, videos conmemorativos, paseos en un deportivo descapotable, botellas de cava, fuegos artificiales, en fin, ¡qué orgullosos estamos todos de nuestro número uno! Parece que la primera victoria de un español en la categoría de coches en el más prestigioso raid ex-africano puede servir para poner, aunque sea un rato, a Carlos Sainz en el lugar que se merece.

En medio de este baño de alabanzas hay que reconocer que, a pesar del palmarés que posee y lo difícil que es de alzanzar para un piloto español lo que él ha conseguido ( tal vez en las motos tenemos mucha más tradición de buenos competidores), Carlos Sainz es casi más conocido por algunas frases de su copiloto, Luis Moya, que valorado por sus logros al nivel que siempre ha merecido. Las ultrarepetidas expresiones de Moya leyendo a velocidad de vértigo su cuaderno de ruta , convertidas en su momento en politono, y sobre todo, la durísima situación que les tocó vivir cuando perdieron un Mundial a 500 metros de meta de la última prueba al averiarse su coche, han quedado grabadas en la memoria de todos. El «trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo, por Dios» ha sido para muchos el slogan deportivo de este piloto, marcado por la mala suerte, gafado con la victoria, hasta el punto de casi esperar que siempre le vaya a pasar algo que le aleje de la victoria.

Carlos Sainz, además de otros muchos éxitos, entre 1990 y 2003 fué 2 veces Campeón del Mundo de Rallies, 4 veces subcampeón y 5 veces más tercero. ¿No es extraordinario para un piloto de coches español en los 90? Fué el primer «no nórdico» en ganar el Mil Lagos de Finlandia y el primer «no británico o nórdico» en ganar el RAC de Gran Bretaña. Casi nada. Una isla más del pequeño archipiélago formado junto a campeones de la talla de Angel Nieto, Severiano Ballesteros, Paquito Fernández Ochoa, Manolo Santana,… Sin embargo, siempre le ha perseguido la imagen que de él se ha dado, la de un deportista tocado por la mano negra de la mala suerte. ¿Es eso justo?

Lamentablemente, no quiero decir «en este país» porque no sé exactamente lo que pasa en los demás, pero si sé que aquí hay momentos en que parece que nos gusta revolcarnos, o si es posible mejor revolcar a otro, por el barro, destacar cualquier error (o si no inventárselo), antes que reconocer los éxitos del prójimo. Ya lo decía el » querido» Van Gaal: » siempre negatifo, nunca positifo». Algunos pensaréis ¿qué tiene que ver ésto con el baloncesto? El pan nuestro de cada día.

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