barça campeón. Por Jordi Puig

Conviene felicitar al Barça por la gran Euroleague que ha disputado y por el brillante colofón que fue la final, dejando clara su inmensa superioridad ante un rival también plagado de talento, pero no siempre puesto al servicio del grupo. Esta final es un regalo para los que nos gusta que ganen los equipos que mejor saben pasarse el balón. Los griegos siempre evidenciaron una circulación muy pobre, con demasiados hombres reteniendo el balón y sin ser capaces de jugar un pase extra. Ante esta situación la defensa blaugrana se sintió muy cómoda. En seguida se apreció que la extrema tensión que provoca estos formatos de competición, y que a menudo atenaza a los jugadores, la dejaron en semifinales.

La intimidación de sus hombres grandes, que estuvieron concentradísimos para llegar a todas las ayudas que necesitaba especialmente el defensor de Schortsanitis, les dio alas y les cargó de confianza para desarrollar un juego de ataque con ritmo y extremadamente solidario, que les propició muchos tiros librados de alto porcentaje; algo que por otro lado han venido haciendo a lo largo de toda la temporada. Además, otras variantes defensivas como una defensa zonal delante de la defensa individual conseguían ralentizar todavía más el juego de ataque griego y dificultar que pudieran nutrir a su referencia interior. Ante estas premisas tan sólo las acciones individuales de Papaloukas y algunos triples algo imprevistos de Childress parecían poder hacer algo de daño a la defensa del Barça. Muy poco bagaje para un aspirante a impedir que el Barça fuera el campeón.

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