final one en paris. Por Trifón Poch

 

 

 

 

 

 

Equipo contra conjunto. Cuando era pequeño tuve que estudiar en el colegio los conjuntos. Dentro de un circulo podíamos agrupar una gallina, una oveja, un caballo, una vaca y un pato. Todos eran animales de granja, vale, pero eso no quería decir que pudieran hacer nada juntos, simplemente estaban ahí, cada uno a lo suyo.

Tuvieron que pasar unos años para que pudiera empezar a entender lo que era el concepto de equipo y fue gracias al baloncesto. Ahora sé que es posible dirigir a un grupo muy heterogéneo de jugadores hacia un mismo objetivo, con un mismo sentimiento y compromiso. También sé que, por poner dentro de un circulo, con la misma camiseta, a una selección de purasangres en diferentes facetas del juego, no se tiene la garantía de que vayan a convertirse en un equipo. Barcelona y Partizan han funcionado, rusos y griegos no. Desde la distancia, puede sorprender y decepciona ver a tantos grandes jugadores como puede tener Olympiakos, a tanto talento físico y técnico agrupado,  incapaces de llegar a moverse con criterio en una misma dirección. En la final, sólo cuando en el inicio del tercer cuarto «se ensucia el partido» con protestas constantes y un aumento desesperado de la presión defensiva en manos de dos o tres especialistas, parecen tener alguna posibilidad de minimizar la superioridad blaugrana. El resto de la final, no pudieron dar una respuesta defensiva de equipo a la movilidad táctica de los de Xavi Pascual.

Tapones para Sofokles. Hasta ocho tapones repartió el Barcelona, siete para los pivots griegos, tres para Schortsanitis. La irremediable imposibilidad física para sus defensores de desplazar o rodear a semejante humanidad le da grandes posibilidades de recibir balones cercanos al aro de manos de grandes pasadores como Papaloukas o Teodosic. Pero después hay que saber que en ocasiones es necesario jugar un pase más. El trabajo de intimidación desde las ayudas de los interiores del Barça fue tan efectivo como inutil el empecinamiento de Sofokles de lanzar cualquier balón que llegase a su territorio.

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