barcelona viste mono de currante y frac. Por Trifón Poch

El Barcelona se presentó a la final de Copa del Rey como esos personajes de pelicula de James Bond que acuden a una fiesta con un mono azul de currante, para cortar primero los cables de comunicación, y que después llevan debajo un frac para entrar al baile, robar los planos secretos y, encima, llevarse a la chica. Por primera vez en mucho tiempo, el Madrid ha dado la cara en el terreno en que los blaugrana han dominado sus enfrentamientos de manera avasalladora. El trabajo físico y defensivo de los de Messina, en casi todo el partido, ha sido extraordinario y capaz de contener el vendaval anotador que en anteriores encuentros les había desbordado. Controlado el juego de contrataque del Barça, salvo contadas y letales excepciones,  el siguiente objetivo conseguido ha sido imponer máxima vigilancia sobre el balón y su circulación, con mención especial a la atención sobre un Navarro al que no podían permitir repetir la actuación de semifinales. Nuevamente el equipo blanco pone a Prigioni a perseguir al escolta anotador y coloca a un defensor más grande para ahogar los espacios del base. También aquí tuvieron éxito.

En este escenario aparece todo el abanico de recursos que los equipos de este nivel pueden desarrollar. «Si la marcha se pone dura, los duros se ponen en marcha» y son inmediatamente Sada y Grimau los que toman el control de la situación. Dominantes en su terreno, ambos son la garantía para que el Barcelona contenga el extraordinario ímpetu físico y de ritmo de los blancos y sean capaces de esperar el momento de partido en que otros protagonistas puedan aparecer y decidir el desenlace. Generoso derroche físico para el equipo de ambos, destacando la capacidad reboteadora de un base como Sada, que se ha convertido en un gran reboteador de ataque y en un auténtico especialista en limpiar cualquier balón que se quede remoloneando sobre su aro.

No se puede llegar a todas partes, o al menos no todavía. La gran preocupación del Madrid por controlar el espacio aéreo blaugrana y mantener a Navarro enjaulado ha tenido como consecuencia dos aspectos decisivos. El primero la aparición de Anderson. Sin ninguna duda habrá pensado estar jugando un partido en USA más que una final en Europa, porque ha encontrado los espacios idóneos para desarrollar su mejor cualidad, el juego de 1 contra 1. En numerosas situaciones ha podido echar el balón al suelo y jugar con bastantes botes para aprovechar sus cualidades atléticas y técnicas para desbordar y anotar, sin que llegaran a tiempo las ayudas preocupadas de apagar otros fuegos. El segundo y no menos demoledor, la intervención de los hombres con mente de hielo y mano de guante blanco desde la línea de 3 puntos. Con el añadido del acierto de Anderson desde 6,75, el aprovechamiento de los espacios de Lorbek y Morris para anotar triples importantes, ha sido la gota que ha colmado el vaso del gran esfuerzo que el Real Madrid ha hecho en esta final para estar a la altura. Triples demoledores que han abierto en el marcador la brecha que por otros caminos el Barcelona se veía incapaz de conseguir.

Si hasta ahora el Barça ha sabido elegir la ropa adecuada para cada estilo de partido o para cada momento, el Madrid no puede irse de esta Copa descontento a pesar de ser «sólo segundo». Han dado un paso adelante, han encontrado el ritmo y la intensidad necesaria. Quizás sólo les falte rebajar un punto la tensión que se imponen a sí mismos, soltarse un poco y poder sacar todo el talento que también tienen.

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