Don’t kill the game. Por Trifón Poch

No sé porqué, para ponerle nombre a este articulo, me ha venido a la cabeza inmediatamente el titulo de una canción de un grupo legendario de rock, Don’t kill the whale (No matéis a la ballena) de Yes. Una canción con mensaje ecológico, que, por cierto, no nos vendría nada mal aplicar al momento que vivimos actualmente en el baloncesto mundial.
No sucede en el deporte profesional nada distinto a lo que está pasando en el resto de ámbitos de nuestra vida. Es una cuestión de prioridades, de quién aplica esas prioridades y en beneficio de quién. Todo se mueve en una confrontación de intereses para ver quién es capaz de mantener o ampliar su territorio, sin que parezca importar la tierra que pisan los unos y los otros, que en definitiva es la que nos permite a todos mantenernos en pie.

Los jugadores de la NBA caen como moscas. El último, de momento, ha sido Baron Davis. Un año de baja tras dislocarse la rótula, una lesión que para un jugador de su edad puede significar poner el punto final a su carrera. No se recuerda una plaga de lesiones graves tan importante como la de esta concentrada temporada. Están por delante los contratos de los sponsors, los derechos de televisión, la venta de entradas, los grandes compromisos publicitarios. Pero, ¿qué pasará con todo eso si se cargan a los jugadores? Es deprimente ver el nivel de algunos partidos de la regular season, pero ¿cómo pueden aguantar los equipos tanta concentración de partidos con los viajes correspondientes? ¿Es posible preparar y jugar a algo con ese ritmo de competición?

Mientras tanto, en Europa resulta que no sólo se mantienen las tiranteces entre la Euroliga y algunas ligas nacionales, entre las ligas y las federaciones de algunos países, sino que ahora también se presenta una pugna entre Fiba Mundo y Fiba Europa con los calendarios y los derechos económicos de los Mundiales, los Europeos y las Olimpiadas de por medio. Se jugarán los partidos de Euroliga los viernes, mientras habrá jornada de Liga Endesa sábado y domingo. Se cambiará la periodicidad de los Europeos en beneficio de los Mundiales, pero se creará una nueva competición entre selecciones nacionales en Europa.  ¿Seguirán apareciendo nuevas competiciones que geográficamente agrupan a equipos de diferentes países para ofrecerles una liga con más partidos competitivos que los que les ofrecen sus propias ligas?  Las ligas de cada país están luchando por sobrevivir económicamente en el escenario de crisis en el que nos estamos moviendo, mientras reciben el bombardeo constante del resto de organizaciones, la competencia de quienes deberían ser colaboradores. Todos tiran del producto hacia su propio interés para poder explotarlo, pero ¿quienes están verdaderamente preocupados por la calidad del producto, por intentar mejorarlo en lugar de convertirlo en una especie más en extinción?
Y en medio de todo este escenario de conflicto constante de intereses, ¿qué pasa con el juego? ¿Seguimos ordeñando a los jugadores pensando sólo en ganar e ignorando lo que los entrenadores y los árbitros deberían aportar? Sigue habiendo grandes carencias en la formación de los jugadores, en la transmisión de los valores correctos por parte de los entrenadores que trabajan con nuestros niños y jóvenes. Continua siendo necesaria una mejora en la formación de los entrenadores. Seguimos quejándonos de que se anotan pocos puntos y de que el juego es aburrido, pero no se hace nada para intentar cambiar. Es importante replantear algunos conceptos del criterio arbitral en Europa. Seguimos pisando la linea de banda en las esquinas por que los jugadores no caben tras la nueva línea de tres puntos. El contrataque ha muerto a manos de la falta antideportiva que nunca se pita como antideportiva, mientras continua la venta de pasaportes para jugadores americanos…

¿Y si hablamos un poco más de baloncesto?
¡¡Don’t kill the game!!

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