Hemos demostrado ser los mejores. Por Trifón Poch

Se sabían el camino. La selección ha tenido claro desde el principio, por anteriores experiencias y por la importancia de este torneo, cuales eran los pasos que había que dar para llegar hasta el final con éxito. Sin forzar la máquina al principio, algunas fechas señaladas como los partidos contra Lituania o Serbia, un descanso para Pau y máxima concentración a partir del partido de cuartos.
Tanto el lockout de la NBA como el hecho de que en este Europeo estuvieran en juego las plazas para la Olimpiada de Londres de 2012 han provocado una presencia muy destacada de los mejores europeos que dominan sus equipos en Dallas, Los Angeles, San Antonio, Chicago, … Ha aumentado la competencia. También el reto entre jugadores y el deseo ha crecido por lo que había en juego. El oro era un objetivo deseado, no hay duda, pero para los jugadores siempre es especial poder asistir a unos Juegos Olímpicos y ese objetivo ha aumentado la tensión y la concentración de muchos.
Otro matiz respecto a anteriores campeonatos es que hemos demostrado ser los mejores. No sé si objetivamente lo éramos, porque en esta edición había otras selecciones con un nivel parecido al nuestro, pero lo que sí tengo muy claro es que no hemos dejado lugar a dudas o especulaciones. Por nuestro rendimiento colectivo, concentración y esfuerzo hemos sido superiores. Nuestro talento sin esas otras cualidades no habría sido suficiente.
Acertado y asumido reparto de papeles. El éxito del grupo se basa en el rendimiento de los jugadores principales, pero también en el de los que tienen papeles secundarios. La aportación defensiva y de ritmo que los jugadores de banquillo han aportado han sido determinantes para dotar al equipo de una consistencia imposible de superar para todos los rivales de este Europeo. Ricky, Sada, Llull, SanEmeterio, Felipe Reyes e Ibaka (la aportación de Claver quizás ha quedado un peldaño más abajo) han cumplido con un trabajo menos destacado pero no menos importante para conseguir el oro. Dentro de esta misma línea quisiera destacar a Rudy Frenandez, el mejor, en ocasiones casi el único, defensor de los titulares, que, pudiendo por su talento interpretar un papel estelar, ha sabido salirse de los focos y asumir un trabajo más oscuro, defensivo, peleando con los aleros rivales casi siempre en desventaja física, ayudando en los rebotes, aportando algún tapón espectacular, dando mucha presión en las líneas de pase y consiguiendo buenas recuperaciones.
Triángulo equilátero. Aunque según el momento de competición ha aparecido alguno más que los otros, al final, Pau, Marc y Navarro han formado un triángulo perfecto en el que es difícil que pueda caber más talento puro. Pau es capaz de anotar un doble doble aparentando jugar a medio gas, con sus movimientos y los de Marc en poste bajo se podría estar dando clases a pivots en formación durante un par de años y ¿qué decir de Navarro? Creo que sería una estrella más en el once de Guardiola. Las mismas diabluras inesperadas en un palmo de parquet. Es más pequeño y menos fuerte que la mayoría, como Xavi, Iniesta o Messi, pero cuando anota un tiro imposible y se gira al banquillo mirando a sus compañeros, puedes echarte a temblar, te pueden caer 19 puntos en un cuarto o anotar un «triple bomba» como ha hecho en Lituania para convertirse, una vez más, en el Mejor Jugador del Europeo.

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