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lo que bien empieza, bien acaba. Por Trifón Poch

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Apenas llevamos un mes de competición en la Liga Endesa, con un arranque más desahogado que el de anteriores ediciones, sin partidos entre semana ni la necesidad de disputar 8 jornadas en el primer mes, y ya empezamos a ver equipos arrastrados por la tendencia que les han marcado los resultados conseguidos en el inicio, unos con una sonrisa de oreja a oreja, hablando ya de la Copa del Rey, y otros con la tensión a flor de piel, cuestionando “la validez del proyecto” instalados para unas cuantas semanas en la frontera de las posiciones de descenso. A excepción de unos pocos equipos, cada vez menos, a los que les da lo mismo, todos los demás son conscientes de lo que puede marcar el inicio de la competición. Conseguir una buena serie de victorias en las 7 u 8 primeras jornadas o, por el contrario, enlazar varias derrotas consecutivas puede determinar el camino que vas a tener que transitar en el resto del curso baloncestístico. Puede haber motivos demostrables que provoquen los resultados en un sentido o en otro o puedo confirmar por mi experiencia que hay ocasiones en que los primeros resultados vienen y te abrazan o te machacan sin que hayas hecho gran cosa ni para una cosa ni para la otra (¿podrían ser una demostración de este fenómeno los equipos de fútbol del Málaga y del Español de esta temporada?).
No cabe duda que uno de los condicionantes más importantes puede ser el calendario. Es evidente que hay que ganar a todos y que cada rival tiene su dificultad, pero para los equipos de la parte media baja de la clasificación no es lo mismo empezar jugando contra equipos a los que puedes ganar, con un par de partidos en casa en los que si estás bien vas a sumar victorias, que arrancar, por ejemplo, contra 3 equipos de Euroliga y un partido fuera en Gran Canaria, panorama éste que te puede llevar casi con toda seguridad a empezar 0-4 en tu casillero de victorias y derrotas, por muy bien que puedas jugar y aunque hayas tomado las decisiones correctas en la construcción de tu equipo.
Los hay que empiezan algo nuevo y eso les puede marcar con un impulso positivo o con la incertidumbre de lo que puede venir. Otros continúan con una estructura de anteriores temporadas y eso puede significar confianza, o puede darse el caso de que empiece a aparecer el cansancio o incluso que haya desacuerdos del pasado que hayan dejado un mal poso para afrontar las posibles dificultades que están por llegar. Es cuestión de sensaciones, de la capacidad para querer trabajar juntos en cualquier situación. En ese escenario, las victorias y las derrotas marcan y los resultados del primer mes de competición puede llegar a ser determinantes.
Lo que viene después es una lucha para poder mantener el control de lo que quieres hacer y de como quieres hacerlo, tanto en una dinámica positiva como en una negativa. Las victorias dan credibilidad a lo que has trabajado, en ocasiones incluso a las malas decisiones que hayas tomado. Desde el exterior todo se positiviza por los buenos resultados. Las derrotas permiten al entorno y, dependiendo de la calidad de los profesionales, también a personas vinculadas al equipo o a los propios jugadores, que se pueda poner en duda todo lo que hagas. La cuestión es ser capaz en cualquier caso de mantener tu linea de trabajo, con coherencia y la tranquilidad y concentración necesarias para tener suficiente perspectiva como para poder rectificar lo que sea realmente imprescindible. Si como entrenador y como equipo no lo haces así, por un lado, el tiempo va a destapar tus vergüenzas y a denunciar que esas primeras victorias no estaban asentadas en un buen trabajo. Por otro puedes dejar que esas primeras derrotas te venzan para toda la temporada si te apartan de lo que estás convencido que es bueno para tu equipo o seguir trabajando con la total confianza de que llegarán las victorias. Es importante no perder de vista tan pronto cuales son tus verdaderos objetivos en la Liga y no cambiar esos objetivos dependiendo de los resultados iniciales que se hayan conseguido.
Siempre hay excepciones para todo. Hay equipos que han hecho una primera vuelta excelente y han acabado bajando a la LEB, del mismo modo que otros han empezado 0-5 y finalmente han jugado los Play-off. Pero si buscamos en la sabiduría de nuestro refranero popular podemos comprender que en la mayoría de casos “lo que bien empieza, bien acaba”, ya que “resulta de gran importancia para el buen desarrollo de un asunto o de una actividad poder contar con un buen principio”. También encontramos una expresión parecida pero en sentido negativo: “Mal acaba quien mal empieza”. Esperemos que la mayoría que se encuentran en esa situación sean capaces de tomar las decisiones correctas que les permita deshacer la losa que ahora sienten que no les deja avanzar en la dirección correcta.

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