spanish nba stargate. Por Trifón Poch

Pocas han sido hasta ahora las puertas que se han abierto en la NBA a los jugadores españoles. Ha dado la casualidad quizás de que sólo tres equipos han acogido la llegada de los nuestros. Toronto tal vez haya sido la franquicia que les ha sido más familiar. La ascendencia europea de algunos de sus ejecutivos y técnicos ha representado probablemente una mejor comprensión hacia las necesidades de un rookie español. No es que lleguemos allí como Paco Martinez Soria o Alfredo Landa en sus tiempos de emigrantes cinematográficos, pero una ayuda en medio de ese circo seguro que nunca viene mal. Portland no ha sido un territorio fácil. Allí puso el pionero Fernando Martin nuestra primera huella y ahora como entonces, lo está siendo en especial para Sergio Rodriguez, todo es más duro de lo soñado, parece en ocasiones que hay que hacer más cosas que los demás para tener una oportunidad. Desde fuera da la sensación de que los motivos de la presencia de un jugador español no tienen mucho que ver con las necesidades deportivas del equipo o, como minimo, con la idea que el entrenador tiene. El jugador está ahi pero no parece contar realmente, ser parte de un proyecto que le llevará a mejorar y a dar sus mejores posibilidades en unos años.

Memphis puede ser la puerta más transitada si finalmente Ricky Rubio da el salto  a la NBA como número dos del próximo Draft. Navarro tuvo también su oportunidad en Memphis, aunque su situación contractual acabó por convertir su experiencia en un viaje de ida y vuelta. No sé muy bien si este paso por los Grizzlies es un tránsito necesario, una estancia educativa en el  purgatorio antes de poder aspirar a un equipo mejor, a una mejor consideración dentro de la liga, a la posibilidad de tocar más balón, de jugar más tiros, de tener la confianza real del entrenador para llegar a ser un jugador con más protagonismo. Puede que sea un fastidio, unos años para olvidar, un infierno, pero tal vez para Pau Gasol no haya sido tan negativo ese periodo para poder convertirse en el jugador que es ahora, titular en un equipo con posibilidades de disputar el ansiado anillo. ¿Puede su hermano Marc seguir el mismo camino? Hasta ahora ha tenido minutos (30,7 de media), una temporada para conocer el ritmo de vida  y de competición, para adaptarse a los arbitrajes, para conocer a sus oponentes. Si tiene la suerte en el futuro próximo de estar en manos de un entrenador y una estructura que crean en él para construir un equipo, habrá que ir preocupándose menos de los Rudy Gay y O. J. Mayo (2545 tiros entre los dos por 661 de Marc, quinto de su equipo en tiros lanzados) y el balón ya no pasará siempre de largo.  Aunque nosotros le veamos con una perspectiva diferente y una dosis de cariño maternal, Ricky también tendrá que pasar su purgatorio. Sólo hay que darle el  tiempo necesario para que pueda desarrollar el gran jugador que puede llegar a ser y esperar que los condicionantes económicos, la estructura y entrenador NBA que le reciban no alarguen injustamente este inevitable proceso.

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