tu de portero. Por Trifón Poch

Hay muchos empeñados en que, igual que cuando jugabas en el cole al fútbol, al malo lo ponían siempre de portero, a los pivots haya que ponerles una zona electrificada en la pintura y que no puedan salir de ella. ¿Qué hace un pivot jugando por fuera, botando el balón? Sobre todo si es un pivot alto. ¡Y tirando de tres puntos! ¿Sacrilegio! El modelo de lo que se entendía por un pivot, antes de que aparecieran los números para definir las posiciones (del 1, base, al 5, pivot) ha pasado a la historia. Ha sido así básicamente por la evolución física y atlética de todos los jugadores, que ha propiciado a su vez una mejora técnica que antes no estaba al alcance de los jugadores más altos. El espectro de lo que puede considerarse hoy en día un pivot puede ir desde lo que llamamos un “tresymedio” hasta lo que podríamos denominar un “cincopuntocero”.

Hay pivots de 2’00 cuyas capacidades o habilidades técnicas les convierten en dominantes cerca del aro, mientras que otros de 2’10, por los mismos motivos, son también productivos lanzando de distancia o jugando casi como un exterior. Algunos pivots pequeños que han destacado en nuestra liga podrían ser Clarence Kea, Kevin McGee, Alfonso Reyes, Richard Scott, Danya Abrams, Darryl Middelton, Sitapha Savané, etc. Sus características técnicas, a pesar de medir alrededor de 2 metros, les han permitido ser efectivos reboteando y jugando poste bajo, cerca del aro. Sin embargo, si jugadores como Stanco Barac, Bruno Sundov o Nedzad Sinanovic tienen mano para tirar de tres puntos con tanta efectividad como un exterior, ¿no es lógico que utilizen ese recurso como una parte más de su juego? Arvydas Sabonis, uno de los mejores pivots de la historia del baloncesto, con sus 2’22, era un extraordinario tirador de tres y en muchas situaciones, se convertía en el mejor amigo de sus compañeros de equipo por su capacidad para pasar, para ver la asistencia que nadie veía y erigirse como el segundo base en pista (por no decir el primero).

Lo importante es que no limitemos a los jugadores obligándoles a hacer cosas en la pista para las que no están capacitados o no dejándoles utilizar recursos que dominan. Es de sentido común que cada jugador pueda desarrollar su juego, por encima del corsé de la posición teórica que debería ocupar.

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