Esperando a Mrs. Competencia. Por Trifón Poch

No tiene que ser fácil. Está claro que a la mayoría nos gustaría ver un juego más brillante de la selección española, una mayor intensidad en la defensa y en algunas expresiones o un dominio más abrumador de nuestros rivales en el marcador final. Ni el ambiente que rodea a la «gira» de preparación (ya es sintomático que se le llame de esa manera), ni la entidad de los primeros equipos a los que nos hemos enfrentado, ni el nuevo formato de competición, como comentaba ayer, ayudan a que los nuestros afronten al 100% desde el primer segundo del partido inaugural hasta el último de la final una competición tan importante y exigente como la de este Europeo, con el reto siempre presente en el horizonte de la clasificación directa para la Olimpiada de Londres.
Como entrenador valoro la idea de que el objetivo de cada partido debe ser dar lo máximo de cada uno, individualmente y como equipo, pero la perspectiva del espectador también tiene que ser capaz de entender la influencia en el nivel de juego, esfuerzo o concentración de muchos posibles condicionantes. Nuestra selección lleva un periodo muy prolongado de tiempo compitiendo por las medallas en todos los torneos oficiales que disputa, siendo incluso en la mayoría de ellos una de las favoritas a la victoria final. El desgaste que supone ese nivel de exigencia mantenido se ha concentrado sobre un bloque de jugadores, que sólo ahora está empezando a dar los primeros pasos de reconstrucción, tras las ausencias de jugadores como Carlos Jimenez, Garbajosa o Mumbrú. La gran mayoría de esos jugadores están llegando además al periodo competitivo dedicado a las selecciones nacionales después de jugar con sus equipos, ya sea en Europa o en la NBA, en temporadas largas y cargadas de tensión, lesiones, Copas, All-stars… No es posible estar siempre al mejor nivel en un periodo tan largo de años luchando por ganarlo todo. Esa misma exigencia no es fácil de asimilar. Lo que puede generar el hecho de ganar varias competiciones consecutivas, lo que provoca y significa en realidad cada derrota recibida, que ganar pueda convertirse para muchos en algo fácil o casi obligatorio o que los jugadores sepan en el fondo que sólo algunos partidos van a ser realmente duros son situaciones complejas en las que no es fácil navegar en armonía con los elementos.
En medio de este escenario, partido cómodo contra Portugal y segunda victoria. Anotaron los bases y Llull, lo normal vaya, y mejoramos algo en los triples, aunque el 30% sea aún muy mejorable. Se ha podido dosificar algo más los puntos y los minutos: nadie más de 24 y más descanso para el 7 y el 4, que les vendrá muy bien para dominar a futuros rivales de mayor enjundia. Algunos han aprovechado sus oportunidades, otros no. Se han podido practicar en competición oficial, que siempre te aporta algún detalle más interesante que en un amistoso, algunas de las defensas complementarias a la individual que hasta ahora hemos enseñado. Defensas zonales, 2-1-2 y 1-3-1, ambas con la ambición de ser agresivos y buscar situaciones de 2 contra 1. Poco más, la verdad.

Ahora solo cabe esperar que cuando lleguen oponentes realmente complicados o partidos sin vuelta atrás, los jugadores sean capaces de dar lo mejor de sí mismos, su mejor versión, que jueguen lo más cerca posible de su verdadero potencial. A seguir mejorando.

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