Night and day. Por Trifón Poch

Hemos pasado de la noche al día de la luz a la oscuridad. De anotar 62 puntos en dos cuartos para enmarcar, a acabar un partido con solo 57 puntos tras más de ocho minutos sin conseguir una canasta. De demostrar una gran actividad en todos los sentidos a dejarnos hipnotizar por el ritmo cámara lenta de los turcos. De destrozar cualquier intento de reacción de los lituanos con triples demoledores, a 4 tristes triples de nuevo con un 23’5% frente a Turquía.
Con toda seguridad debe ser difícil para el espectador comprender porqué se producen cambios tan radicales en un equipo de baloncesto casi de un día para otro, de un partido al siguiente. Ya comenté algo al respecto el pasado mes de abril en referencia a un partido ACB y a los últimos play-offs de la Euroliga. En ocasiones, también para los entrenadores es complicado encontrar una explicación, aunque sabemos hacernos las preguntas necesarias y casi siempre encontramos una respuesta.
Si hubo diferencia entre el rendimiento de España contra Lituania al demostrado contra Turquía, qué decir de las distintas sensaciones que provocó ese ultimo partido comparado con el que disputaron horas después Serbia y Francia. En unas circunstancias parecidas a las de españoles y turcos, serbios y franceses jugaban sabiéndose ya clasificados, aunque en su caso debían decidir quién de los dos pasaba a la siguiente fase con dos victorias. No solo porque el partido se decidiera con una prórroga y gracias a la generosidad de Savanovic en el día de su cumpleaños, sino por el ritmo con el que se jugó durante todo el encuentro, por la intensidad de los dos equipos, por el aparente deseo de todos los jugadores (Batum tomando decisiones en los minutos calientes, a pesar de parecer un jugador de rugby con el vendaje en la cabeza), con algunas actuaciones muy destacables (la serie tiradora de Keselj con 7 de 9 triples, algunos en momentos decisivos), es indudable que  fueron claramente superiores a lo que demostraron los nuestros frente a Türkoglu y los suyos, y cabría preguntarse si los cuatro equipos valoraban de la misma manera el hecho de pasar a la siguiente fase con el máximo número posible de victorias.
Sigo destacando diferencias, en este caso entre el nivel de los dos grupos que han resultado de la primera fase. ¿Es posible que los cuatro semifinalistas salgan del grupo en el que está España? Viendo la tensión con la que están jugando los NBA franceses, la competitividad y el talento habitual de los serbios, la calidad y el carácter ganador de España, los anfitriones lituanos y la experiencia, combinada con jóvenes emergentes y estrellas siderales de Alemania y Turquía cabe preguntarse qué opciones reales tendrán los equipos del otro grupo para continuar camino de las medallas. Y de Londres.

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