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no time for losers. Por Trifon Poch

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Este verano que acaba de irse, como todos, hemos asistido a través de los medios de comunicación a numerosos eventos deportivos. En algunas imágenes que he podido ver por televisión me han llamado la atención algunos detalles que me traen de nuevo a estas líneas.
En el Campeonato del Mundo de natación, justo cuando los nadadores tocaban la pared de la piscina en la llegada, aparecían sobreimpresionadas las banderas de los tres primeros clasificados en cada carrera. Sólo las de los tres primeros. Si querías saber la posición de algún otro clasificado del cuarto al octavo, algo que en las carreras cortas no es especialmente fácil de apreciar, había que esperar a que lo dijeran expresamente los comentaristas o a que, algo más tarde, apareciera en pantalla al dar la clasificación oficial, final y completa.
Algo aún más sorprendente es lo que sucedió en los Campeonatos del mundo de atletismo de Moscú. En algunas carreras sólo presentaban a los corredores con mejores marcas. Así la cámara se detenía en el keniata con la mejor marca del año, se saltaba al español y a un griego y se volvía a detener en un etíope campeón olímpico en Londres, seguía pasando a toda velocidad por unos cuantos atletas más para volverse a detener en un marroquí con el récord del campeonato. Sólo las mejores marcas eran dignas de ser presentadas al público y de tener su momento de atención televisivo.

Los medios, o quizás mejor, las personas que deciden lo que vemos en ellos y cómo nos llega tienen un gran poder y también una gran responsabilidad. La audiencia, los intereses de la cadena o su linea editorial o ideológica o las imposiciones de los anunciantes son algunos de los criterios que en la actualidad definen las prioridades de lo que se emite y la manera en que se aborda la realización y la edición de las imágenes.
Solo interesa el que gana, el primero, el supuesto mejor, o en algunos casos los tres que consiguen subirse al cajón a recibir una medalla. El resto que puede ser seleccionado para emitirse es solo anécdota, noticia curiosa o de las que tocan la fibra sensible, el “mousambani de turno”, la caída aparatosa, el que acaba la maratón cuando ya se está haciendo de noche…

Es una pena que con el enorme potencial que el deporte tiene como transmisor de valores, casi con toda seguridad el medio que mejor puede hacerlo en la actualidad, no se llegue a aprovechar esa fuerza para algo que parece tan trasnochado como educar.

Quería destacar finalmente algo que siempre me ha chirriado. Es ya inexcusable que en todas las celebraciones de los deportes de equipo, en el momento de alzar la copa, además de una lluvia de confetis multicolor vuelen por el aire las notas de la canción de Queen “We are the champions”. El estribillo de esa canción se encarga de dejarnos las cosas claras: “we are the champions” y a continuación se reafirma con un “no time for losers”, no es momento para los perdedores. Valores.

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