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pasando (de) bloqueos. Por Trifón Poch

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Puede haber diferentes explicaciones para valorar a jugadores que tienen problemas para defender situaciones de bloqueo. Os propongo, según mi opinión, algunas opciones:

Falta de actividad. Es muy habitual en cualquier categoría que cuando no se está en la zona de influencia del balón se reduce la actividad defensiva. En los jugadores jóvenes puede ser un problema de falta de educación, de que aún sus entrenadores no hayan llegado a esa parte de la lección. Si esa situación se mantiene en el tiempo, el jugador se instala en una dinámica muy peligrosa que acaba casi siempre con una ventaja para el ataque: es como si se enchufara sólo cuando el balón está cerca o el jugador al que defiende intenta intervenir y se desenchufara cuando sucede lo contrario. Actuando de esta manera se cede totalmente la iniciativa al ataque, el defensor va siempre por detrás, uno o dos segundos tarde. Es un mal camino pretender dominar a voluntad la puesta en marcha de la actividad defensiva. La actividad debe mantenerse siempre al 100% e incluso hay que ganar unos puntos porcentuales frente al ataque a través de la anticipación, de la comunicación, de la lectura del juego.
Mala condición física. La manera en que un jugador se enfrenta a los bloqueos puede ser también un detector del estado físico en que se encuentra, bien sea por que no ha trabajado lo suficiente o aún le falte un tiempo para alcanzar el tono adecuado, bien porque es un jugador más veterano que empieza a manifestar un declive físico.
Atracción magnética. Si, ya se que suena un poco extraño, pero con el tiempo he llegado al convencimiento de que alguna fuerza oculta que no alcanzamos a percibir a simple vista es la causante de que algunos defensores acaben de manera irremediable en brazos del jugador que les pone un bloqueo. Si no es así, no puedo entender como hay jugadores que da igual el tipo de bloqueo que reciban, directo o indirecto, vertical, ciego, doble, tras mano a mano o imaginario, que se sienten atraídos por el bloqueador y, como aquel esquiador inexperto que observa con temor el solitario árbol que se adivina el la otra punta de la montaña y acaba abrazado a su tronco, así van a acabar con la cara aplastada en el muro infranqueable que les detiene. Esa atracción fatal les impide mover los pies de manera correcta, evitando el contacto con el bloqueador, bajando el cuerpo, haciendo una finta y les aproxima sin remedio al obstáculo, una vez más. Si la ayuda no reacciona a tiempo, una bandeja, una falta o un tiro de tres aparecerán en la estadística por culpa de los dichosos campos magnéticos ocultos al ojo humano.
Derechos adquiridos. Una de las diferencias entre un buen jugador y otro que no lo es se evidencia cuando llega el momento de defender y hay que ponerse a pasar bloqueos. Tal vez puede parecer un tanto exagerado y sólo se planteen algunos este aspecto concreto como la diferencia entre un buen y un mal defensor. Es cierto que puede haber y ha habido jugadores que han sido muy grandes y no son o eran precisamente el mejor defensor de la década. A todos se nos pueden ocurrir algunos nombres. También es cierto que el nivel alcanzado por esos jugadores en los que acabamos de pensar les permitía no tener que defender más de lo estrictamente necesario. No es que no tuvieran la capacidad para defender duro, pero si hay otros compañeros que compensan con su sacrificio defensivo y de ayudas a diestra y siniestra su mayor concentración en el juego de ataque, para qué gastar fuerzas que después pueden venir muy bien para meter 28 puntos, recibir faltas y anotar el triple decisivo.
Uso de las normas defensivas. Es habitual a cierto nivel competitivo establecer una serie de normas que clarifiquen como quieres defender determinadas acciones de ataque, entre ellas los bloqueos. Pueden darse en este aspecto diferentes causas que lleven al jugador a tener problemas para defender los bloqueos. Hay jugadores que tienen problemas para asimilar y ejecutar un numero elevado de reglas defensivas, añadidas a todos los otros conceptos tácticos que maneja un equipo.
Hay otros sin embargo, que conociendo y recordando las normas prefieren hacer “lo que ellos creen que es lo que se debe hacer”.
También tenemos los entrenadores la responsabilidad de hacer que los jugadores comprendan que la utilización de determinadas reglas defensivas solo intenta contribuir a la cohesión y el orden del equipo, a que todos vayamos por el mismo camino y que demos una misma respuesta ante una situación que plantee en ataque nuestro oponente. Particularmente creo que en el fondo lo de menos es la norma que se decida utilizar en una determinada situación del juego, lo importante es que todos hagamos la misma, que lo hagamos juntos y que creamos en ello. Ahí es donde la intervención del entrenador es importante.
Lo es del mismo modo a la hora de ayudar técnica y tácticamente al jugador para darle los instrumentos que le permitan ejecutar las reglas que se determinen. Para ello hay que trabajar los apoyos, las fintas, los cambios de ritmo, … También hay que enseñar al jugador a entender el juego para hacer una lectura correcta de lo que va a hacer el ataque y así poder actuar con anticipación para pasar el bloqueo por donde toca, en el momento correcto y salir defendiendo la linea de pase para evitar la canasta o que el balón siga circulando.

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