siempre en el mismo asiento. Por Trifón Poch

Desde que a Emilio de Diego, tristemente fallecido no hace mucho en un injusto accidente de tráfico, se le ocurrió pensar que un jóven entrenador de juveniles del Sant Josep de Badalona podía ser el entrenador que necesitaba el Gijón Baloncesto, en aquella Primera División que tanto ha cambiado de nombre, han pasado muchos partidos, muchas faltas de ataque, algunas prórrogas, remontadas increíbles, momentos duros y abrazos cargados de euforia. En estos tiempos en que «un mosquito» nos lleva de un aeropuerto a otro y atravesamos el país sobre railes a velocidades de vértigo, cada vez que me subo a un autocar no puedo dejar de pensar en la cantidad de kilómetros que he hecho en todos estos años, siempre sentado en el mismo asiento, el primero a la izquierda, justo detrás del conductor. Además de las inevitables apariciones de «el toro», las carreteras se han vaciado de curvas y se han llenado en este tiempo de centros comerciales, parques industriales, plantaciones de blancos molinos de viento y placas solares, agradables urbanizaciones y lamentables paisajes enladrillados, de gasolineras reconvertidas en miniparques temáticos. Los pabellones de la liga reflejan lo que ha pasado en sus ciudades: han crecido, el parquet brilla más, los asientos son más cómodos, no hay que cambiarse por turnos en el vestuario, hay marcadores con pantalla gigante de video, se entiende la megafonía, hay calefacción (en casi todos). En la calle, donde antes había grises adoquines ahora hay una alfombra verde que marca el camino de los recuperados tranvías. Siempre en el mismo asiento. Sin apenas dormir, ni siquiera en los viajes más largos, esos en los que llegas a casa a las 5 de la mañana. Detrás del conductor viendo la carretera, intentando encontrar la postura después de una derrota, al resguardo de una maquina quitanieves coronando el puerto de Pajares o saliendo de Valladolid, dándole vueltas a esa jugada, satisfecho por el esfuerzo del equipo, repasando la estadística o la película del partido, pasando de la filmografía completa en vhs de Pajares y Esteso (memorables «Yo hice a Roque III» o «Los bingueros») a los dvd en inglés para todos los extranjeros del equipo (con subtítulos en castellano para el resto), las almohadas personales, las partidas de pocha, los ordenadores portátiles conectados a internet, la bolsa de picnic, las pizzas, las paradas de madrugada en un area de servicio cerrada, todos en fila, qué frío. Gijón-Málaga, la guagua, Girona-Cáceres, Alicante-Valladolid, pasaron. Granada-Valencia será el próximo, siempre en el mismo asiento. Todo mi agradecimiento a Emilio por mi vida de baloncesto.

2 comentarios

  1. V.Lago dice:

    Mi espalda aun recuerda viajes parecidos y, a veces, iguales. Gracias por el recuerdo a Emilio. Trabajo y suerte

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