Llegados a uno de los puntos álgidos de la temporada, la Copa del Rey ACB, aparecen las habituales encuestas para conocer la opinión de los protagonistas de la competición sobre los favoritos, los mejores jugadores, el equipo revelación. Me ha sorprendido que ninguno de los encuestados conceda la más mínima opción al CajaLaboral, ni siquiera de disputar la final. Es evidente que su balance de victorias en la liga regular no es el de otras ocasiones y que en su camino deberá superar primero a sus vecinos de Bilbao y después probablemente al todopoderoso Barcelona en semifinales, con permiso del Joventut, por supuesto. El Barça, palabras mayores.
Por otro lado, creo que convendría no olvidar que el equipo de Vitoria es el que en la última década ha conseguido más presencias en la final, seis de diez, y el que más veces ha ganado, cuatro, empatado en este caso con las cuatro victorias de los culés. Han dado lecciones, año tras año, de competitividad, de saber cómo llegar preparados a la cita, siempre al amparo de la afición más ejemplar.
Otro pequeño detalle a tener en cuenta, es que de las sólo tres derrotas que los de Xavi Pascual han sufrido en la Liga ACB hasta ahora, una ha sido precisamente contra los de Ivanovic. Interesante, ¿no?
La pasada temporada ACB se desarrolló en una dimensión artificial de la realidad bajo el influjo futbolístico que todo lo invade en nuestro país. El gran duelo Barça-Madrid era el faro catalizador que iluminaba todo y en ese gran resplandor quedaron casi todos deslumbrados sin entender que hace ya muchos años que el baloncesto se mueve de otra manera. Pocos fueron los que, durante el año, dieron el justo valor que tenía al equipo que finalmente acabaría ganando la ACB, el CajaLaboral. Con una plantilla amplia, compensada, llena de buenos y expertos jugadores, pasaron el año esperando que llegara su momento, tapados bajo el manto «azulgranacasiblanco» que todo lo cubre.

