Poco importa lo que digan las encuestas oficiales que se publican habitualmente la semana que se inicia la ACB sobre los equipos con mejores argumentos para disputar la Copa del Rey y las eliminatorias por el título. Parece haber un acuerdo bastante unánime en todos los clubes, entre los que se supone que saben realmente de ésto, de fichar jugadores, de construir equipos, respecto a las plantillas que están mejor preparadas para moverse entre los ocho primeros en los momentos calientes de la temporada, el final de la primera vuelta y el cierre de las 34 jornadas de la liga regular. No hay apenas dudas. Las diferencias se acentúan cada año que pasa entre los equipos de Euroliga y el resto y además este curso baloncestístico 2010/11 (Montes dixit) va a haber cinco equipos disputando el Torneo. Si a esos cinco, añades los que ya tienen una trayectoria asentada en esos puestos de privilegio más allá del último lustro, “faves contades” como dicen en Cataluña.
Sin embargo, la gran paradoja se produce cuando en todas las previas de cualquier ciudad ACB te preguntan si este año el equipo por fin va a jugar la Copa o los play-offs. Leer más
La crisis económica global está siendo también una de las principales causas para los graves problemas que hay en la actualidad en la construcción … de equipos.
Una de las grandes diferencias, yo diría que virtudes, del baloncesto en referencia a otros deportes es su capacidad para ir desarrollándose a partir de la evolución constante de sus normas. Algunas novedades importantes van a aplicarse en la temporada que empieza el primer fin de semana de Octubre de 2010, como el alejamiento de la línea de tres puntos a 6’75 o las diferentes cuantificaciones del tiempo de posesión cuando se pone el balón en juego en campo de ataque. Uno de los objetivos fundamentales de la evolución de las normas debería ser, en mi opinión,
Se nota en la cara.
«Van un francés, un griego, un chino,…, y un español en un avión y el francés dice …» Podría salir el argumento para un chiste de esos que se contaban antes con todo lo que ha pasado en la última jornada de la fase de grupos del Mundial. Alguna nacionalidad más podría haber añadido, como portoriqueño o costamarfileño, pero entonces el título se me alargaba demasiado.
No es fácil para ningún equipo jugar de manera brillante después de una derrota como la que sufrió España contra Francia. Nueva Zelanda, a pesar de la haka inicial, no es rival para nuestra selección. Es un oponente incómodo porque son pequeños, móviles, tienen buenos tiradores de distancia y un juego interior endeble, pero difícil de contener en el rebote ofensivo por jugar muy abiertos y han sabido sacar provecho de las numerosas situaciones de bloqueo ciego que utilizan. Pero poco más. Para los nuestros ha sido un partido de transición, en el que lo único importante además de ganar era recuperar algunas sensaciones positivas.
Si los franceses no nos ganan ayer, no nos ganan nunca. Les dimos tantas oportunidades antes de que se dieran cuenta, que parecía que no querían o no sabían cómo hacerlo. Que no se engañe nadie, Francia no hizo nada del otro mundo para ganar y España no dominó el partido cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Ellos sólo tomaron lo que les estábamos ofreciendo. ¿ Tendrá algo que ver en el subconsciente de ambos equipos que el que quede primero de grupo se cruzará probablemente con USA en semifinales?
¿Cuales van a ser las consecuencias del intolerable comportamiento antideportivo de las selecciones de Grecia y Serbia en el partido «amistoso» que tras una multitudinaria pelea tuvo que ser suspendido?
La tradicional costumbre de los baloncestistas USA de renunciar a los eventos FIBA tipo Mundiales o Juegos Olímpicos ha vuelto. La inercia generada por el único Dream Team que ha existido, el que pudimos disfrutar en Barcelona 92, mantenida con los diferentes “drimtimes” que nos han vendido, se ha acabado. Las consecuencias de esta decisión son mucho más graves ahora que hace 25 años. La gran cantidad de jugadores europeos importantes que ahora juegan en la NBA nada tiene que ver con los que lo hacían en tiempos de
Nos pongamos como nos pongamos, con nuestro ojo clínico de analistas infalibles y críticos implacables, no es fácil a los diecinueve años estar preparado para lidiar con todas la emociones que debe provocar la selección en el Draft y el aterrizaje en un equipo NBA, previo paso por los workouts o los primeros partidos en Orlando o Las Vegas con la flamante camiseta con el logo con la imagen de